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Cartografías (Indicado en pacientes con pérdida de memoria)

  A Mir

Antes de dar el definitivo salto que supondría la colonización masiva de Europa y el resto del mundo, el Jazz fue explorando la Geografía de los Estados Unidos, primero de sur a norte, más tarde de este y centro hacia el oeste, fundando en este trazado importantes asentamientos culturales que perduran hoy en día. Desde Nueva Orleans a Chicago, de Filadelfia y Nueva York hasta San Francisco y Los Ángeles, pasando por Kansas City, las expediciones fueron dibujando mapas, planos y cartas de navegación en los que se plasmaba parte de la información obtenida en los “trabajos de campo”. Estas cartografías del Jazz no son otras que los propios temas, los estándares. Por supuesto, no todos ellos podrían enmarcarse en esta categoría, pero muchas de las canciones sí aportan referencias espaciales.

Escala 1. Ciudad de Nueva Orleans. (imagen extraída de: Everett, D. (1954) The jargon of jazz.)

Escala 1. Ciudad de Nueva Orleans a principios del siglo XX.
(imagen extraída de: Everett, D. -1954-, The jargon of jazz)

Al igual que en la cartografía convencional, en ésta también se trabaja con la escala, desde la regional a la municipal, de la municipal a la del vecindario detallado. La eficacia de los mapas depende directamente de la calidad de los datos, así como de la destreza del autor para procesarlos y, finalmente, presentarlos. Por otra parte, las habilidades del lector a la hora de su interpretación los convertirán en fuentes más o menos ricas de información.

De este modo, clásicos del Early Jazz, otros de la época del Swing, incluso temas de nuestros días, conforman auténticas proyecciones capaces de transportarnos a otros lugares en el espacio y, en muchos casos, también en el tiempo. Atendiendo sólo a la toponimia, vamos a hacer un pequeño recorrido por tres de los centros más emblemáticos de la historia del Jazz, con una selección cartográfica que nos moverá por su cuna e infancia, nos trasladará a la ciudad que presenció las diabluras de su adolescencia, y nos mostrará las calles que dieron fe de su evolución juvenil.

Escala 2. Manzanas de Chicago. (imagen extraída de: Everett, D. (1954). The jargon of jazz. Everett, D. (1954). The jargon of jazz.)

Escala 2. Manzanas de Chicago, 1914-1928.
(imagen extraída de: Everett, D. -1954-, The jargon of jazz)

Frecuentemente, los intérpretes de Jazz se veían en la tesitura de tener que poner nombre a melodías que venían interpretando repetidas veces, o a otras nuevas que surgían de una improvisación inspirada. Encontramos que muchos de esos títulos aluden a partes del callejero de su ciudad, o a antros y garitos de ésta en los que los músicos se encontraban especialmente cómodos desarrollando su actividad. Bien podría tratarse de una forma de homenaje hacia esos lugares, o bien simplemente un modo de no complicarse la vida…

En cualquier caso, Basin Street Blues (Williams, S., 1926), por ejemplo, nos invita a pasear por una de las principales arterias de Nueva Orleans, divisoria de dos distritos contrastados: el distinguido French Quarter criollo y el desenfadado Storyville, contenedor del lumpen orleaniano. En el número 235 de esa misma avenida se ubicaba uno de los burdeles más afamados de principios del siglo XX, el Mahogany Hall, regentado por la excéntrica Madame Lulu White. Mahogany Hall Stomp (Williams, S., 1928 -¿?-) nos pone tras la pista de un local amenizado por el Ragtime de pianistas como All Carrel, Richard M. Jones, o Clarence Williams.

La State Street del Chicago de los años veinte era, de punta a punta, uno de los puntos más tórridos de la noche. En ella se encadenaban teatros, cafés, tabernas, clubes nocturnos, salas de baile, tiendas de música, etc., según la información que ofrece State Street Jive (Davenport, C. C., 1928). A seis manzanas de allí, hacia el este, en South Parkway, se encontraba el Teatro Grand Terrace, en el que Earl Hines obtendría éxito rotundo con su Big Band durante los años de la depresión. Según ciertas fuentes, el Grand Terrace Theatre supuso para Hines lo que el Cotton Club neoyorkino para “Duke” Ellington. Algunos años más tarde, Fletcher Henderson, también asiduo de la sala junto a su orquesta, pondría de moda el “levantamiento topográfico” de nombre Grand Terrace Swing (Arbello, F., 1936).

En Nueva York, los núcleos del Jazz se encontraban, de alguna manera, más dispersos que en Chicago o Nueva Orleans. Sin embargo, cabe detenerse en nuestro itinerario en el barrio negro de Manhattan, Harlem, por albergar dos salas desde las que estrellas como Cab Calloway, Louis Armstrong, Benny Goodman o “El Duque”, entre otros, impulsaron la música con sus grandes orquestas en la época del Swing. Hablamos del mítico Cotton Club y del no menos legendario Savoy Ballroom, abiertos en 1920 y 1926, respectivamente. Cotton Club Stomp (Ellington, D., Carney, H. y Rodgers, R., 1929) cerraría esta pequeña colección de mapas que ha servido para orientar nuestro recorrido.

Bessie Smith protagoniza un cortometraje cuyo título también alude a un emplazamiento geográfico: St. Louis Blues, dirigido en 1929 por Dudley Murphy. Aquí un fragmento del mismo en el que la cantante interpreta el tema homónimo de W. C. Handy, de 1914.

Salud y brassa!!!

Fuentes:

– Everett, D. (1954). The jargon of jazz. Kansas: Kansas State College of Agriculture and Applied Science. [Online: Retrieved November 2012 from http://archive.org/index.php].

http://en.wikipedia.org/wiki/Earl_Hines [Accessed December 2012].

http://en.wikipedia.org/wiki/Lulu_White [Accessed December 2012].

http://en.wikipedia.org/wiki/Saint_Louis_Blues_(song) [Accessed December 2012].

– Murphy, D. (1929). St. Louis Blues [Short film]. RCA Photophone, Inc. 15 mins. USA.


Cakewalk (Tabla de ejercicios para rehabilitación postraumática)

Estaban esclavizados en las plantaciones y eran testigos de las fastuosas fiestas que organizaban los “propietarios”, quienes bailaban al son de minuetos procedentes de la música europea. La costumbre era desfilar por parejas, una detrás de otra. En un momento determinado se separaban los hombres de las mujeres quedando dos filas, una por género, las cuales se volvían a emparejar en el centro del salón después de dar un rodeo exterior. El ritual era visto con simpatía por los esclavos. Pero su condición no les privaba de la sátira, y comenzaron a imitar a los “amos” exagerando sus movimientos, caminando muy estirados e inclinados hacia atrás. Extendiéndose por los Estados sureños, la mofa se puso de moda hacia mediados del siglo XIX y fue bautizada con el nombre de Cakewalk debido a que, en ocasiones, se celebraban concursos en los que los mejores bailarines eran premiados con una tarta.

Es sólo una de las teorías existentes acerca del origen de este baile. Hay quien sostiene que está emparentado con las Gigas de la tradición celta; otros tratan de encontrar sus raíces en África; otros defienden que nace hermanado con el Ragtime… Lo que parece seguro es que en las plantaciones se practicaba a ritmo de banjo. Y parece cierto también que cuando surgió el Ragtime el personal se divertía bailando las piezas de ese modo.

Uno de esos Rags era At a Georgia Camp Meeting, compuesto por Kerry Mills en 1897. En él se describe una romería campestre en la que gente de todo pelaje disfruta al son de las melodías de una Brass Band, y se hace alusión a un “paseo hasta una tarta de chocolate”.

Con una edad hoy de ciento quince años, este tema se convirtió en uno de los más populares del repertorio Dixieland. Sidney Bechet lo grabó en 1950 con The New Orleans Feetwarmers.

Salud y brassa!!!

Fuente:

– http://en.wikipedia.org/wiki/Cakewalk [Accessed November 2012].