Archivo mensual: diciembre 2012

Cartografías (Indicado en pacientes con pérdida de memoria)

  A Mir

Antes de dar el definitivo salto que supondría la colonización masiva de Europa y el resto del mundo, el Jazz fue explorando la Geografía de los Estados Unidos, primero de sur a norte, más tarde de este y centro hacia el oeste, fundando en este trazado importantes asentamientos culturales que perduran hoy en día. Desde Nueva Orleans a Chicago, de Filadelfia y Nueva York hasta San Francisco y Los Ángeles, pasando por Kansas City, las expediciones fueron dibujando mapas, planos y cartas de navegación en los que se plasmaba parte de la información obtenida en los “trabajos de campo”. Estas cartografías del Jazz no son otras que los propios temas, los estándares. Por supuesto, no todos ellos podrían enmarcarse en esta categoría, pero muchas de las canciones sí aportan referencias espaciales.

Escala 1. Ciudad de Nueva Orleans. (imagen extraída de: Everett, D. (1954) The jargon of jazz.)

Escala 1. Ciudad de Nueva Orleans a principios del siglo XX.
(imagen extraída de: Everett, D. -1954-, The jargon of jazz)

Al igual que en la cartografía convencional, en ésta también se trabaja con la escala, desde la regional a la municipal, de la municipal a la del vecindario detallado. La eficacia de los mapas depende directamente de la calidad de los datos, así como de la destreza del autor para procesarlos y, finalmente, presentarlos. Por otra parte, las habilidades del lector a la hora de su interpretación los convertirán en fuentes más o menos ricas de información.

De este modo, clásicos del Early Jazz, otros de la época del Swing, incluso temas de nuestros días, conforman auténticas proyecciones capaces de transportarnos a otros lugares en el espacio y, en muchos casos, también en el tiempo. Atendiendo sólo a la toponimia, vamos a hacer un pequeño recorrido por tres de los centros más emblemáticos de la historia del Jazz, con una selección cartográfica que nos moverá por su cuna e infancia, nos trasladará a la ciudad que presenció las diabluras de su adolescencia, y nos mostrará las calles que dieron fe de su evolución juvenil.

Escala 2. Manzanas de Chicago. (imagen extraída de: Everett, D. (1954). The jargon of jazz. Everett, D. (1954). The jargon of jazz.)

Escala 2. Manzanas de Chicago, 1914-1928.
(imagen extraída de: Everett, D. -1954-, The jargon of jazz)

Frecuentemente, los intérpretes de Jazz se veían en la tesitura de tener que poner nombre a melodías que venían interpretando repetidas veces, o a otras nuevas que surgían de una improvisación inspirada. Encontramos que muchos de esos títulos aluden a partes del callejero de su ciudad, o a antros y garitos de ésta en los que los músicos se encontraban especialmente cómodos desarrollando su actividad. Bien podría tratarse de una forma de homenaje hacia esos lugares, o bien simplemente un modo de no complicarse la vida…

En cualquier caso, Basin Street Blues (Williams, S., 1926), por ejemplo, nos invita a pasear por una de las principales arterias de Nueva Orleans, divisoria de dos distritos contrastados: el distinguido French Quarter criollo y el desenfadado Storyville, contenedor del lumpen orleaniano. En el número 235 de esa misma avenida se ubicaba uno de los burdeles más afamados de principios del siglo XX, el Mahogany Hall, regentado por la excéntrica Madame Lulu White. Mahogany Hall Stomp (Williams, S., 1928 -¿?-) nos pone tras la pista de un local amenizado por el Ragtime de pianistas como All Carrel, Richard M. Jones, o Clarence Williams.

La State Street del Chicago de los años veinte era, de punta a punta, uno de los puntos más tórridos de la noche. En ella se encadenaban teatros, cafés, tabernas, clubes nocturnos, salas de baile, tiendas de música, etc., según la información que ofrece State Street Jive (Davenport, C. C., 1928). A seis manzanas de allí, hacia el este, en South Parkway, se encontraba el Teatro Grand Terrace, en el que Earl Hines obtendría éxito rotundo con su Big Band durante los años de la depresión. Según ciertas fuentes, el Grand Terrace Theatre supuso para Hines lo que el Cotton Club neoyorkino para “Duke” Ellington. Algunos años más tarde, Fletcher Henderson, también asiduo de la sala junto a su orquesta, pondría de moda el “levantamiento topográfico” de nombre Grand Terrace Swing (Arbello, F., 1936).

En Nueva York, los núcleos del Jazz se encontraban, de alguna manera, más dispersos que en Chicago o Nueva Orleans. Sin embargo, cabe detenerse en nuestro itinerario en el barrio negro de Manhattan, Harlem, por albergar dos salas desde las que estrellas como Cab Calloway, Louis Armstrong, Benny Goodman o “El Duque”, entre otros, impulsaron la música con sus grandes orquestas en la época del Swing. Hablamos del mítico Cotton Club y del no menos legendario Savoy Ballroom, abiertos en 1920 y 1926, respectivamente. Cotton Club Stomp (Ellington, D., Carney, H. y Rodgers, R., 1929) cerraría esta pequeña colección de mapas que ha servido para orientar nuestro recorrido.

Bessie Smith protagoniza un cortometraje cuyo título también alude a un emplazamiento geográfico: St. Louis Blues, dirigido en 1929 por Dudley Murphy. Aquí un fragmento del mismo en el que la cantante interpreta el tema homónimo de W. C. Handy, de 1914.

Salud y brassa!!!

Fuentes:

– Everett, D. (1954). The jargon of jazz. Kansas: Kansas State College of Agriculture and Applied Science. [Online: Retrieved November 2012 from http://archive.org/index.php].

http://en.wikipedia.org/wiki/Earl_Hines [Accessed December 2012].

http://en.wikipedia.org/wiki/Lulu_White [Accessed December 2012].

http://en.wikipedia.org/wiki/Saint_Louis_Blues_(song) [Accessed December 2012].

– Murphy, D. (1929). St. Louis Blues [Short film]. RCA Photophone, Inc. 15 mins. USA.


¡Choca esos cinco! (Elixir antioxidante)

Dave Brubeck de Fernando Martins (imagen extraída de: http://goo.gl/8tb1l)

Dave Brubeck, de Fernando Martins (imagen extraída de: http://goo.gl/8tb1l)

A veces es fascinante perderse en la numerología… Otras veces asusta…

Los cinco dedos de cada una de sus manos al servicio del teclado. Buena parte de su cerebro al servicio de la composición. Tal vez no fuera el mejor pianista de su tiempo, pero la inmortalidad de Dave Brubeck está avalada por una dilatada discografía en la que se pone de manifiesto su imaginación sin límites, una insaciable inquietud por la experimentación y una tremenda capacidad para innovar. Su madre, profesora de música de formación estrictamente clásica, no entendía el porqué de las tendencias musicales del joven Brubeck hasta que, mientras realizaban juntos un trayecto en coche, escucharon en la radio la Humoresque Nº 7 (Dvořák), pieza que ella sobradamente conocía, pero interpretada, en este caso, por Art Tatum. “Dave, ahora sé por qué quieres tocar Jazz”, le dijo cuando aquello terminó de sonar.

El Dave Brubeck Quartet pasó a la historia por acuñar uno de los discos más importantes del género, Time Out (1959). Los apuntes escritos por Steve Race para la contraportada también dan fe del carácter investigador del compositor. Hasta que Brubeck no comenzó a sacar sus experimentos del laboratorio, el Jazz estuvo encorsetado entre los márgenes del “izquierda-derecha, izquierda-derecha” de las marchas militares. En este sentido, Time Out marcaría un antes y un después, en tanto que todos sus cortes están aderezados por una mezcla de compases compuestos, esos con los que al Maestro le gustaba jugar. Esta obra sin precedentes muestra la combinación de tres culturas: el formalismo de la Música Clásica Occidental, la libertad de improvisación del Jazz y el a menudo complejo pulso del Folk Africano”.

The Dave Brubek Quartet - Time Out (imagen extraída de: http://goo.gl/ZVbq1)

The Dave Brubek Quartet – Time Out (imagen extraída de: http://goo.gl/ZVbq1)

Contiene uno de los más célebres estándares de Jazz, Take Five, siendo ésta la única pieza del disco no firmada por el pianista. Paul Desmond, saxo alto y piedra angular del cuarteto, es el autor de este tema de poco más de cinco minutos de duración y escrito en el atípico compás de cinco por cuatro.

…Give me five!, para pedir a alguien que estreche tu mano… Por la misma regla de tres, Take five!, para tender la tuya… La de Dave Brubeck siempre estuvo abierta para quienes más la pudieran necesitar. Además de sus incuestionables cualidades como músico, también supo romper moldes con su calidad humana. Peleó incondicionalmente por la integración racial precisamente en uno de los momentos más delicados, a este respecto, de la historia de su país. Con los ojos llenos de agua explicaba a Ken Burns: “¿Sabes?, el primer hombre negro que vi…, mi padre me llevó un día al río Sacramento, en California, y le dijo a su amigo: ‘Desabróchate la camisa para que Dave lo vea’. Había una marca en su pecho… Entonces mi padre dijo: ‘Estas cosas no pueden suceder’. Por eso luché por lo que luché…”.

Brubeck estuvo en La Tierra exactamente noventa y dos años. Su aniversario habría sido el seis de diciembre de 2012, pero no llegó, perdió la vida un día antes: el cinco…

Aquí Three To Get Ready (1959), uno de los trabajos que certifican la eternidad del artista.

Salud y brassa!!!

Fuente:

– Burns, K. (2000). Jazz: A film by Ken Burns [TV Documentary]. Florentine Films. 19 hrs. PBS Video, 1320 Braddock Place, Alexandria: Virginia. VA 2314-1698.


Ese viejo sentimiento (Analgésico)

Chet Baker. Leandro Cepeda. (imagen extraída de: http://www.eioilustraciones.com.ar/)

Chet Baker. Leandro Cepeda. (imagen extraída de: http://www.eioilustraciones.com.ar/)

Existen muchas y muy distintas formas de hacer sonar un instrumento. Relacionados íntimamente con la interpretación vocal, los de la familia del viento son capaces de reproducir el timbre característico de la voz del ejecutante, además de expresar un estado de ánimo concreto, su personalidad, carácter, etc. Tal vez podría llegar a decirse que se dan casi tantas formas de “sonar” la trompeta, por ejemplo, como trompetistas hay y ha habido en el mundo… Desde los disparos certeros de Dizzy Gillespie, con su vertiginosa dicción, hasta las caricias de Chet Baker, se pasaría por toda una gama de colores que englobaría el histrionismo de Louis Armstrong, el descaro y la zalamería de Lee Morgan, la paranoia de Miles Davis, la incandescencia de Arturo Sandoval, o el ecléctico y exquisito gusto de Wynton Marsalis. En el siguiente video, grabado para la televisión en 1959, se recogía el lúcido diálogo entre dos gigantes que se encontraban por primera vez, Armstrong y Gillespie, sobre el tema Umbrella Man (Cavanaugh/Rose/Stock, 1938).

La biografía de Chesney Henry Baker Jr. está tiznada de anécdotas sórdidas propias de una turbulenta existencia. Sin embargo, el sonido de su trompeta era igual que el de su voz: suave, cálido y envolvente. Probablemente encontrara en la música esa paz que no siempre abundaba a su alrededor y, aunque nunca abordaría seriamente la composición, los clásicos que interpretaba y que grabaría para la historia están impregnados de un estilo propio, genuino e inconfundible. Es posible que emplease esas canciones de sabor dulce como bálsamo para curarse las heridas…, como calmantes que le aliviasen el dolor producido por los golpes que le propinaba la vida… Entre esos clásicos cabe destacar My Funny Valentine, Time After Time, I Fall in Love Too Easily, o That Old Feeling

Con música de Sammy Fain y letra de Lew Brown, That Old Feeling fue publicada en 1937, obteniendo éxito inmediato la adaptación registrada por Shep Fields y su Rippling Rhythm Orchestra. Forma parte de varias bandas sonoras, como la de Vogues (1938), o la de With a Song in My Heart (1952). En la película homónima de 1997 aparece en dos versiones diferentes, la de Patrick Williams y la de Louis Armstrong y Oscar Peterson. Fue grabada por otros artistas de renombre, como Count Basie, Art Tatum, Les Paul y Mary Ford, Dinah Washington, Frank Sinatra, o Anita O’day, entre un amplio etcétera.

That old feeling_ok

Baker fue una de esas figuras del Jazz que exprimieron muy rápido su vida. Murió a la relativamente temprana edad de cincuenta y ocho años, por accidente, al caer defenestrado desde el segundo piso de un hotel en Ámsterdam. Una estrella que, a pesar de su fugacidad, tuvo tiempo de iluminar el mundo con los destellos de su trompeta y el filamento de su voz.

Junto a otros trece “caramelos”, incluyó That Old Feeling en el disco Chet Baker Sings (1956).

Salud y brassa!!!

Fuentes:

http://chetbakertribute.com/ [Accessed December 2012].

http://en.wikipedia.org/wiki/That_Old_Feeling_(song) [Accessed December 2012].

http://www.apoloybaco.com/ [Accessed November 2012].

http://www.youtube.com/watch?v=aC6etk2ybSg [Accessed December 2012].

– The Songwriters Hall of Fame (2012). “Larry Stock” –Biography–. The Songwriters Hall of Fame, 2002-2012. [Online: Retrieved December 2012 from http://www.songwritershalloffame.org/artists/home].

– Weber, B. (1988). Let’s get lost [Documentary]. Little Bear Films & Nan Bush. New York.